Alícia Casadesús (L’Esquirol, 1968) es artista visual. 


El trabajo que ha ido definiendo su trayectoria habla a menudo del lugar, y lo hace desde la reflexión y la percepción del lugar en el que se desarrolla, tanto si es en un espacio rural como urbano o en la red.


En sus propias palabras: “Me dejo imbuir de su aliento para después pensarlo, escribirlo, reflexionar y crear”.
“Vivo el arte como una parte indisociable de la vida. Como una manera de estar, de mirar, de pensar y desde donde dar voz al mundo. Hacerlo de una manera lenta, un poco a contracorriente de como vivimos”.
“En cada trabajo, la obra va incidiendo cada vez más profundamente en el territorio en el que vivo. Lo ando, lo penetro, hablo desde su sustancia”.


Desde hace un tiempo, sus preocupaciones giran en torno a la manera en que miramos el arte —también la vida en general—, y es por eso por lo que la forma de mostrar la obra se convierte en motivo de reflexión y en el contenido de la propia obra.


Ha colaborado a menudo con poetas y artistas de otras disciplinas para compartir con ellos la mirada. Para decir:

“Decir la evanescencia y la perdurabilidad; la luz, el gesto, las relaciones, la sustancia de las cosas. La naturaleza.
Y lo hago cerca del silencio, intentando aportar también un silencio al espectador, en medio del ruido de la sociedad que habita”.

De ello resulta un trabajo cercano a la poesía y que está hecho para ser vivido, sentido y pensado. 


A menudo su obra es efímera y se ha construido y deconstruido en el mismo lugar para el que ha sido creada, y perdura solo en el espectador que ha formado parte de ella y en algunas de las publicaciones que la recogen.